Reflexões

"Instruí-vos, porque precisamos da vossa inteligência. Agitai-vos, porque precisamos do vosso entusiasmo.

Organizai-vos, porque carecemos de toda a vossa força".
(Palavra de ordem da revista L'Ordine Nuovo, que teve Gramsci entre seus fundadores)

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dezembro 08, 2009

Declaración de GRAIN para la conferencia de prensa conjunta de GRAIN - Via Campesina

Desde hace más de un año y medio hemos estado observando atentamente cómo los inversionistas están tratando de tomar el control de tierras de cultivo en Asia, África y América Latina como una respuesta a la crisis alimentaria y financiera. En un principio, durante los primeros meses del año 2008, los inversores justificaron la adquisición de esas tierras en nombre de la "seguridad alimentaria", o al menos a su percepción de la seguridad alimentaria. Representantes de los Estados del Golfo comenzaron a dar la vuelta al mundo en busca de grandes extensiones de tierras cultivables que pudieran adquirir para cultivar arroz que permitiera alimentar a su creciente población sin recurrir al comercio internacional. Los coreanos, libios, egipcios y otros países siguieron su ejemplo. En la mayoría de los debates estuvieron directamente involucrados altos representantes de los gobiernos, haciendo presión para la aprobación de nuevos paquetes de cooperación política, económica y financiera en torno a los contratos con la tierra.
Pero luego, hacia julio de 2008, la crisis financiera se profundizó, y nos dimos cuenta de que junto a los acaparadores de tierras para la "seguridad alimentaria" había un grupo completamente distinto de inversionistas que están tratando de apoderarse de tierras de cultivo en el Sur: fondos de cobertura, grupos de capital privado, bancos de inversión y similares. No estaban interesados en absoluto en la seguridad alimentaria: se dieron cuenta de que pueden ganar dinero invirtiendo en agricultura, debido a que la población mundial continúa aumentando, los precios de los alimentos seguirán altos y además, las tierras agrícolas son muy baratas. Con un poco de tecnología y conocimientos de gestión destinados a estas adquisiciones agrícolas, logran diversificar su cartera, tener cobertura contra la inflación y los rendimientos garantizados - tanto de las cosechas como de la tierra misma.
Hasta la fecha, más de 40 millones de hectáreas han cambiado de manos o están en fase de negociación - 20 millones de las cuales están en África. Y se calcula que más de 100 mil millones de dólares se han puesto sobre la mesa para que esto ocurra. A pesar de la facilitación gubernamental aquí o allí, estos acuerdos son principalmente firmados y llevados a cabo por empresas privadas, en connivencia con los funcionarios del país anfitrión. GRAIN ha recopilado datos que muestran quienes son los acaparadores de tierras y las operaciones que están realizando, pero la mayoría de la información es mantenida en secreto para la opinión pública, por temor a una reacción política.
No hay nada en esta carrera por las tierras de cultivo en el Sur que sea de interés para las comunidades locales, ya sea que hablemos de Pakistán, Camboya, Filipinas, Madagascar, Kenia, Sudán, Etiopía o Malí. Muchos de estos países padecen de una enorme inseguridad alimentaria en sí mismos. Y estas apropiaciones de tierras están destinadas a acabar con la agricultura a pequeña escala y no a mejorarla. Aunque sólo fuera por esta razón, esta nueva apropiación de tierras a nivel mundial ha sido vista rápidamente por los movimientos sociales como una receta para el conflicto profundo - no sólo por la tierra, sino también por el agua.
Hoy Roma ofrece una especie de microcosmos de este conflicto. En la FAO, los gobiernos, los organismos internacionales (por ejemplo el Banco Mundial) y las empresas privadas (como Yara, Bunge y Dreyfus) están tratando de decidir lo que ellos denominan códigos de conducta y directrices voluntarias para hacer estas transacciones "ganador-ganador". En realidad su principal preocupación es el dinero. Ellos no quieren que los dólares y los dirhams que pusieron sobre la mesa para las adquisiciones de tierras de cultivo huyan. Así que han construido una respuesta oportunista: lograr que los contratos sobre tierras "funcionen" mediante el manejo de los riesgos asociados. Y sabemos por qué. Después de 50 años de regímenes de modernización agrícola, tales como la Revolución Verde y la biotecnología, y los últimos 30 años de amplios programas de ajuste estructural, tenemos más personas con hambre en el planeta que nunca. Es claro que todos estos programas que pretendían supuestamente alimentar al mundo han fracasado. Desafortunadamente, el Banco Mundial y otras organizaciones similares han decidido que la mejor opción es seguir hacia delante, seguir al dinero y avanzar en operaciones de instalación de agronegocios a gran escala en todas partes, especialmente donde aún no han echado raíces, con el fin de solucionar el problema. Esa es la esencia del paradigma de la apropiación de tierras: ampliar y consolidar el modelo occidental de las grandes cadenas de valor de mercancías. En otras palabras: producción de alimentos controlada por multinacionales y orientada a la exportación.
Los movimientos sociales vemos las cosas de manera muy diferente. Para nosotros, todas esas promesas de "ganador-ganador" simplemente no son realistas. Prometen transparencia y buen gobierno, como si los inversionistas extranjeros fueran a respetar los derechos de las comunidades a la tierra allí donde los gobiernos locales no lo hacen. Se habla de puestos de trabajo y transferencia de tecnología, cuando estos temas no son el problema (sin mencionar que muy poco de esto puede materializarse). Se utilizan palabras como "voluntario", "miedo" y "podría" en lugar de "garantizado", "seguridad" y "real". Los partidarios del modelo “ganador-ganador” están divididos sobre cómo irán a reaccionar en caso de presiones por alimentos en los países de acogida, lo que es un escenario muy probable: ¿Deberían permitir a los países restringir las exportaciones, incluso las de las granjas de los inversionistas extranjeros? ¿O se debe dar prioridad a los supuestos del Libre Comercio y a los derechos de los inversores? Entre los grupos participantes con los que hemos conversado en África o Asia, nadie se toma en serio esta idea de "ganador-ganador".
El actual acaparamiento global de las tierras cultivables, donde la inversión extranjera toma el control de la tierra y el agua en los países en desarrollo, no tiene nada que ver con el fortalecimiento de la agricultura familiar y los mercados locales, que a nuestro juicio es la única manera de avanzar para lograr sistemas alimentarios que alimenten a la gente. Debe ser inmediatamente detenido. No hay ninguna posibilidad de “ganador-ganador”, porque aquellos que impulsan estas inversiones están haciendo la pregunta equivocada. La pregunta que deberíamos hacernos no es "¿Cómo podemos hacer estas inversiones funcionen?" Se trata de "¿Qué agricultura y alimentación alimentará a la gente sin enfermarlos, manteneniendo a los agricultores en sus fincas en lugar de los barrios de la ciudad, y permitiendo a las comunidades prosperar y florecer?" Una vez que estemos de acuerdo en que la cuestión real es que agricultura queremos, entonces podemos hablar de cula será la la inversión nos llevará hasta allí.
En GRAIN, estamos muy preocupados por la situación. Creemos que la actual apropiación de tierras sólo puede agravar la crisis alimentaria. Apoya un sistema agrícola orientado a monocultivos de gran escala, con OGM, sustituyendo a los campesinos por máquinas, y utilizando productos químicos y combustibles fósiles. Este sistema agrícola no puede alimentar a todos. Es una agricultura que alimenta las ganancias especulativas para unos pocos y genera más pobreza para el resto. Por supuesto que necesitamos inversión. Pero la inversión la necesitamos hacer en soberanía alimentaria, en un millón de los mercados locales y en los cuatro millones de habitantes rurales que actualmente producen la mayor parte de los alimentos que nuestras sociedades se basan y no en algunas mega-granjas controladas por unos pocos mega-terratenientes.

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